Cover-Hydress

Nuevo tema de la banda valenciana

Tras la publicación, a primeros de este 2017, de su primer álbum ‘Pentathlon’ que sorprendía a público y prensa con esa valiente y bizarra mixtura entre electrónica y clasicismo barroco, el videoclip y EP de remixes que acaban de sacar a la calle de su ’Dantale’ y un reciente nuevo corte llamado ‘Churchill,’ los valencianos Navvier -Álvaro Monreal a la voz y teclados, Adrián Sayago y Rafa Carrión al teclado y guitarra y Julián Dolado a la batería- regresan a la palestra sonora con un nuevo corte titulado ‘Hydress’ en el que su sinfonismo tecnológico -ajeno totalmente a modos y modas- vuelve a epatar vs. encantar a propios y extraños.

Aquí, como es habitual en la música de Navvier, suenan clavecines, sintetizadores, guitarras eléctricas, violoncellos y hasta órganos de iglesia. Todo ello da lugar a un compendio retro- futurista -y eminentemente pop y rock- en el que todo suena -de verdad, hecho de forma amanuense, virtuoso y con muchas horas de conservatorio de por medio- y en el que la voz épica y dark-wave de su cantante cabalga con brío sobre una mezcla de estilos tan, a priori, imposible como lograda.

‘Hydress’ es una canción hecha a partir de una rueda de doce acordes. Como se sabe las canciones suelen tener cuatro, lo de los ocho acordes están últimamente de moda, todo lo que sea múltiplo de dicho número tiene cabida en el pop, pero doce no es un número común para una rueda. Es el mínimo común múltiplo del tres y del cuatro. El punto donde lo ternario y lo cuaternario se juntan. Es completo e incompleto a la vez. Esto es algo que no sorprende al tratarse de Navvier. No son descabelladamente atrevidos, pero tienen un toque de extrañeza que dividirá a la gente en dos tipos: los que simpatizan con ellos y los que no se atreven.

Pero la gracia no acaba en la armonía. Las guitarras lideran el discurso polifónico, van hablando y evocando nostalgia, pena y deseo, acompañando el discurso de la voz. A veces se les puede oír llorar entre frases. La canción fluye hacia un interludio en el que se consolida la tenebrosidad y lo oscuro del tema. Todo lo que propone Navvier rezuma energía y potencia, pero con control, el mismo que se puede palpar al enlazar dicho interludio con el estribillo final. Todo tiene su razón de ser, todo está colocado donde tiene que estar, y no es por casualidad. (Fernando Fuentes, 2017)

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